Enfrentamiento. 2011.

Una persona en cada calle, una persona en cada lugar.
El mundo a rebosar de personas pretendiendo, simple e ingenuamente, alcanzar la posición desde la que puedan, al menos, respetarse a sí mismos.
Carácter-es de todos los colores:
Cabezas altas, cabeza gachas, andar recto y encorvado, mirar perdido y encontrado, cantar y llanto, sonrisa y mueca, cuerpos ausentes, fuerzas internas, alegría y tristeza, seguridad y desesperación, miedo, valor, soledad e independencia…
Me despido,
del caminar erguido,
del llanto ahogado,
de la mentira disoluta.
Me despido
del sentir exasperante,
del altar, del escenario,
de la respuesta sin pregunta.
Me despido de ti,
de mí,
de lo fingido;
de mi cuerpo,
de mi vestido.
Me despido de ajetreos, de prisas,
de cuentos vividos…
de palabras huecas,
y burdos sonidos…
con sus falsas muecas.
De vuestros cuerpos
cautivos, sin sentidos,
me despido…
De tu historia…
y de la mía,
de tus logros…
y de los míos,
de mi nombre impreso
y de mi buen camino…
de mi lógica y mi desatino.
Me despido de mi miedo,
de mi ser consciente,
de la mente despierta
y la piel ausente.
De las masas de gente,
del absurdo bullicio,
puro placer latente
de intercambio y beneficio
Me despido de mi cárcel
de apariencias y prejuicios,
persistentes como un vicio,
que secuestran
mi fuerza de ser.
Porque soy libre,
sencillamente,
porque soy y seré,
siempre,
parte tangible de este mundo sucio
Siempre presente.
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Reencontrarse…

Algún día de primeros de Junio del 2014.

A cada amanecer la naturaleza nos envuelve un poco más.

Sea donde sea que los ojos posen la vista, ahí se encuentra la vida, floreciendo.

El fuego, como elemento conector, se eleva cada noche al cielo, purificándonos.

Y en la mañana todos somos criaturas nuevas, de este mundo a parte.

Cada día me encuentro a mí misma un poco más sumergida en sus raíces, un poco más colmada por sus hojas.

La tierra nos trae de vuelta al lugar del que formamos parte. Hogar, armonizar.

Mis pies se van haciendo más rudos y mis manos más fuertes, a cada paso, a cada golpe del bambú contra el suelo, a cada estruendoso suspirar de este viento de existencia que nos azota las vidas. De este aire puro con razón de ser propia.

Soy uno con mi madre tierra. Y me elevo.

Mi mente se clarifica, se intensifica, se vuelve neutra.

Mi mente un filtro que absorbe, que aprecia, que respira.

Mi mente un río que recorre y que forma parte, sin estancarse.

Aunque mi salud se vino débil estos días, y mi cuerpo persistente se empeñaba en retenerme en algún punto, llegó a mí claro el mensaje como a un vidente. Y mi mente, mi mente, cada día está más fuerte para saber interpretarlo.

La lluvia caló dentro de mí como una tormenta,

limpiándome, VACIÁNDOME.

Suspensión…

No es sobre nadie, es sobre mí.

No es sobre mí, es sobre todos.

“Es sobre nosotros, que hoy somos uno, y no le tememos a vernos desnudos…”

El camino.

Los ciclos se repiten como caras de un dado lanzado al azar un millón de veces.

Como corretean los insectos sobre mi libreta al candor de la linterna que la alumbra sujeta a mi frente,

así vuelan las ideas en mi mente, los sentidos agudizados a la percepción del corazón hambriento.

El grupo se ha multiplicado más rápido de lo que yo he tomado conciencia de ello.

Al comienzo sólo indonesios, todos chicos, y yo. Un largo camino juntos de caras algunas divergentes, otras constantes, otras, espejismos.

Se Saigón a Jakarta, de Jakarta a Surabaya, de Surabaya a Bali y el Océano abriéndose ante nosotros como precedente. Por fin, el olor a sal dilatando mis fosas nasales. De Bali a Jogjakarta, de Jogjakarta a Surabaya y de Surabaya a Borneo…

No tenemos relojes.

Mayo, quizás Junio.

Hablamos de seguir un camino que sea certero. Aun cuando los caminos certeros los estamos viviendo en el instante en que fluimos, en que nos encontramos a nosotros mismos en otras personas.

En la felicidad de los momentos compartidos, de la conexión en ideas y en sensaciones. Sencillamente en el flujo armónico de la energía de los unos a los otros.

A través de la música se construye un puente. Con tanta frecuencia como las canciones me transportan a la verdadera pasión de mis razones para vivir.

Mi cabeza se va fortaleciendo conforme mi espíritu se alimenta de sus propias debilidades.

El río.

El río. Con constancia y paciencia puede moldear hasta una piedra.

Pero debe perseverar, no puede rendirse ni cambiar la dirección de su camino, de lo contrario, la piedra nunca será moldeada.

El río, no alcanza a saber con precisión cuál será la forma de la piedra, cuál el cambio, ¿O conoce acaso el río en su profundidad hasta dónde va el alcance de su fuerza? ¿Desde qué direcciones cambiar el rumbo de las formas y hacia qué destino las empuja, poderoso, su paso?

El río. Lento y paciente, moldea la piedra.

Yo soy la piedra y soy el río. Soy ambos.

Pero con mi prisa, que ni es el uno ni es el otro. Mi prisa es la rama. la hoja que pasa, fugaz, impasible, sobre la piedra. La que navega y no deja rastro, la que desaparece fundida en las inmensidades del agua, la que rompen en pedazos sus sacudidas contra las rocas.

Mientras, el río es paciente, la piedra espera.

Poesía sucia.

12 de Abril del 2014.

Mañana me voy de Ha Noi.

Por fin mi gordo culo se prepara intrépido para el movimiento que ya poco haya de detenerse por un tiempo al menos.
Son 3 meses que llevo en esta ciudad, capital norteña del intrincado Viet Nam. De este país maravilloso y absurdo que me ha robado el corazón con la magia de su esperpento cotidiano y la dulzura interminable de sus encantadoras gentes.
Viet Nam es pura poesía, poesía sucia como son sus calles nocturnas, llenas de desorientados escombros que no encuentran mejor lugar.

Poesía sucia, como la contradicción escandalosa que me susurra el retrato de Ho Chi Minh presidiéndole las casas, las escuelas, los altares. Los altares y Ho Chi Minh y las latas de Coca Cola, todo junto.

Viet Nam es poesía sucia. Como poesía es su tráfico atasco desparramado por las vías, extendido, convexo, conectándolo todo. Sincrónico, perfecto. Armónico. Viet Nam es armonía. La armonía del desastre. La armonía del desorden que se encuentra al orden en sus raíces propias.

Es adaptarse al medio, confluir en el medio, fundirse con el medio.

Viet Nam es poesía sucia porque es belleza sucia. Porque traza, dibuja, deforma y construye de la sobra la obra, la interpretación de la obra, la amplitud de miras.

89 millones de personas en 331.000 kilómetros cuadrados.

Viet Nam es pura vida que surge con fuerza de uñas y dientes disfrazada de discreción.

Tiempo y Espacio.

Tiempo y Espacio.

Ahora. Yo.

Aquí. Yo.

Tiempo: Transcurrir de unidades de medida subjetivas a la percepción humana de las mismas en relación con determinados elementos concebidos como estables y sujetos al espacio, e independientemente de las fluctuaciones en tales percepciones en relación con el ser humano en sí y su estado presente.

Es decir:

Una hora es una hora porque acorde a la percepción del movimiento del sol (o de un objeto supuesto de movimientos constantes), éste recorre una distancia determinada en tal período, la hora, manteniéndose tal distancia idéntica en cada una de sus repeticiones.

Sin embargo, una hora puede ser interiormente percibida como media, como tres horas e incluso como quince minutos, dependiendo del disfrute que una persona lleve a cabo de tal hora así como de su correcta o no proyección en el momento presente.

Espacio, o qué soy yo en medio de un abismo inmenso de segundos, de minutos y de horas. Soy un ser en un punto concreto del espacio. Una realidad en cuanto existe un plano donde ser tal realidad. Es cuando existe un aquí, que puedo ser yo. Sin el “aquí” no hay nada de mi existencia como “Yo” que se mantenga. Así como sin un Yo, sin una conciencia que lo perpetúe y un cuerpo tangible que lo materialice, el aquí tampoco es posible.

Por tanto, ¿Qué es el espacio?

Es un plano relativo sujeto al tiempo de manera interdependiente.

No tiene sentido uno sin el otro, uno sin otro es inexistente.

Así como son ambos imposibles sin el Yo y es el Yo imposible sin ellos.

El tiempo y el espacio se dibujan en mi cabeza como dos pilares de una estructura de tres.

El tercer pilar soy yo y es así que juntos conformamos el triángulo de la realidad tangible y que éste sujeta el mundo humanamente perceptible.

Desaparecido el Yo, con la muerte, el Tiempo y el Espacio se derrumban dentro de esta realidad concreta. La realidad que sujeta y es sujetada por un individuo único.

Al desplomarse, los conceptos de Tiempo y Espacio desaparecen y la muerte ya no tiene coherencia “nunca” más.

Entonces, ¿Qué es la muerte?

Es una percepción subjetiva del Yo sujeto al Tiempo y al Espacio que sólo puede ser realidad bajo estos tres pilares básicos pero desaparece tan pronto como es expuesta a otras dimensiones.

La muerte se compone por la suma del tiempo, del yo y del espacio, en el instante exacto en el que el Yo deja de existir. En el mismo momento que la muerte sucede, su existencia deja de tener sentido, en un mundo que ya no se sujeta por nuestras nociones básicas de la realidad.

Las relaciones de la muerte y el espacio y el tiempo implican que muero aquí y muero ahora. Pero cuando muero ya no hay más “ahora”, teniendo en cuenta que el espacio depende del tiempo para su existencia, ¿puede entonces haber un aquí?.

Es en este punto donde se confunden las realidades del cuerpo y de la mente y sus relaciones naturales.

Para la mente, en la muerte desaparece el aquí, para el cuerpo, siempre hay un aquí.

Incluso quedando reducido a un montón de polvo, sigue habiendo aquí.

Para la mente en cambio esto no tiene sentido alguno.